16 ene 2014

El opio del pueblo, los que lo distribuyen y la lucha en contra

Pensaba que mi siguiente entrada de blog fuera divertida, pero no. No dejan

No he terminado de acomodarme con respecto a mi reciente investigación sobre un sacerdote exorcista cuando ocurre en Colombia otro de esos exabruptos que cometen los líderes religiosos. Una tal María Luisa Piraquive, que es la cabeza de una de esas tantas iglesias "cristianas" fue registrada diciendo que las personas con discapacidades visibles, "deformes", como consta en el video, no pueden subir al púlpito porque sería mal visto y eso va contra lo que ordena el Espíritu Santo, es una cuestión de conciencia o de estética, el qué dirán.

Como muchos se habrán enterado en los medios "serios", no como este blog, la vieja esta es la mamá de una senadora del Movimiento Independiente de Renovación Absoluta "MIRA" (¿qué quieren decir con renovación absoluta?), que entre otras cosas sacó adelante —junto con otros partidos— la Ley 1482 (antidiscriminación) de 2011 en la que se pretende proteger los derechos fundamentales de todos los colombianos. Pero en esa ley no se indica la discriminación contra personas por su condición física, dice: "El que arbitrariamente impida, obstruya o restrinja el pleno ejercicio de los derechos de las personas por razón de su raza, nacionalidad, sexo u orientación sexual, incurrirá en prisión (…)", pero omite otras condiciones personales como la limitación física o mental, la apariencia física o para casos más triviales, los adornos y la estética personal… en la laguna de esa ley se podría discriminar por tener tatuajes, un parche en el ojo, el pelo largo (como lo he vivido para trabajar en Colombia), andar en silla de ruedas o hasta leer cierto tipo de documentos.

Muchos indignados y sorprendidos, pero aunque muy indignado yo no me sorprendo con eso. Conozco algunas personas que por cualquier circunstancia de su vida (por lo general por la presión de amigos y familiares) abandonaron la iglesia católica y emigraron a esas iglesias cristianas —que no especifican jamás qué clase de cristianismo profesan— y en una ocasión tuve la oportunidad de asistir a uno de sus interminables cultos. Lo que he compartido con ellos me da pie a afirmar que en esas comunidades no existe lugar a la duda, la contradicción, la opinión. Ellos escuchan el discurso del pastor o ministro de turno, quien a su conveniencia utiliza las palabras memorizadas de la Biblia para introducir postulados en el pensamiento y obra de sus "hermanos", mejor dicho, clientes.

Cuando estos personajes hablan, no es un negociante el que suena, no; es Dios mismo o el Espíritu Santo el que suelta una verborrea aconductante supremamente útil para que la iglesia logre sus objetivos. En el caso de doña María Luisa Piraquive, al ver el video observamos un auditorio pasivo, en otro video que circula por ahí sus "hermanos" le preguntan si personas que no ven por un ojo o les falta una falange pueden subir al púlpito, a lo que la ministra responde que si no se nota, sí. Para esta señora todo es cuestión de estética, pero agrega temerariamente que en otros países la gente practica su religión como ministros porque demandan a las iglesias, pero en la suya no, porque una demanda iría contra lo que ordena el Espíritu Santo.

Según afirmó en Hora 20, Armando Benedetti, que es un tipo sabio, le va a embutir una demanda por el orto hasta el epiglotis, vamos a ver si eso prospera.

En cuestión de religión, el toque secreto es mantener la obediencia. En este caso vergonzoso de discriminación encontramos una doble moral en la que los limitados físicos no deben ser visibles, pero seguramente sus diezmos siempre serán bien recibidos, y los votos para el partido MIRA también. Ellos han defendido la libertad de cultos, pero siempre y cuando sea el suyo, el tal Miraísmo. Nadie de sus miembros, ni el senador Carlos Alberto Baena, que aparece en el primer video, va a decir "ni mu" porque se sometería a un rechazo apabullante y no sería de extrañar que lo expulsen por ser un engendro del demonio, sería un paria sin familia ni amigos, víctima constante de rechazo, insultos disfrazados en la prédica, lo martillarían sin cesar como un mal ejemplo para sus "hermanos". Por eso, el que es tuerto, o al que le falta una falange no va a protestar ni va a solicitar de ninguna manera que se le permita el derecho a "subir al púlpito".

De esa iglesia, según Blu Radio, doña Piraquive expulsó a su hermano por su condición sexual, o sea por marica.

Cuando Enrique VIII quiso divorciarse no pudo, está prohibido por la iglesia católica; siendo el rey decidió montar un rancho aparte en el que pudiera divorciarse y casarse las veces que le diera la gana. Cinco veces más, como para sacarse el clavo con el papa y los obispos. Ha habido cismas por temas de profundidad teológica, otros por cuestiones de faldas como en el caso del viejo Quique, otros descubren que se puede hacer plata al márgen de las iglesias y fundan comunidades, pero en todas ellas, siempre habrá quienes no comulguen con una que otra postura y si no obedecen, se largan para ser prósperos en otra iglesia, pasa hasta en las peores familias, como en Cienciología.

Pues ojalá todos esos que tienen alguna limitación física o mental, sus familiares y amigos, abandonen a esta vieja y sus posturas medievales, y así la dejan sin diezmos ni votos, pero es una utopía: ellos solamente saben obedecer y escuchan las prédicas como si fuera el mismo Jesús quien hablara, eso no va a pasar.

Hay que MIRAr más allá de este suceso y examinar las implicaciones de lo que por fin sale a la luz en el proceder de estas iglesias de garaje, y las de catedral también. Las organizaciones religiosas han gozado de cierta inmudidad vergonzante en la que los estados democráticos no pueden hacer mucho, salvo si se cometen delitos o irregularidades que tienen que ver con la norma común: fraude fiscal, asesinato, pederastia. Pero las normas poco o nada hacen para controlar —en especial a estas iglesias que nacen como gusanos en un cadáver— sus normas internas, estatutos y limitaciones propias del ejercicio religioso. La prohibición del sacerdocio a las mujeres en la iglesia católica, por ejemplo, o la perfección funcional del cuerpo para ejercer un ministerio en la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, la que dirige la infame Piraquive.

Se supone que Colombia es un estado laico, pero en la práctica las iglesias tienen privilegios, entre esos, hacer lo que les de la gana al interior de sus recintos, a no ser que se filtren al exterior este tipo de situaciones reprochables, que no solamente se limitan a malinterpretar los textos bíblicos, sino los jurídicos. Cuando a la gente le tocan su religión, su partido político o su equipo de fútbol; se pone como un tití, y como casi todo el mundo pertenece a alguna religión, es muy difícil que de verdad se constituya un estado laico que trate por igual a todos los cultos y que éstos se sometan al ordenamiento legal.

Preguntas:

  • ¿La misa o el culto, o las reuniones… son un servicio público o privado?
  • Al responder la pregunta anterior, ¿Existe alguna entidad que controle esos servicios, así como las superintendencias regulan los bancos, las cajas de compensación, los servicios públicos y el comercio?
  • Tal como los sacerdotes católicos aparecen registrados en las diócesis y tienen título universitario en teología, ¿estos pastores cuentan con alguna formación estructurada y un ordenamiento institucional? ¿Quién los controla, quién los sanciona, quién los certifica?
  • Los psicólogos, los odontólogos y los médicos deben tener licencia y título para ejercer, ¿por qué no esta gente que manipula creencias, cambia actitudes y modifica familias?

Apenas se están dando las peleas para aceptar los derechos ciudadanos de los homosexuales, esa pelea ya se dio para los derechos de los negros, los niños, los ancianos y las mujeres, tímidamente se ha dado para los limitados. Con lo que ha sucedido, se empieza a hacer necesaria una discusión sobre la naturaleza de estos "servicios espirituales", que aunque algunos quieran hacer de mi pellejo un sombrero vueltiao, meto en el mismo costal las religiones organizadas, las desorganizadas, a los negociantes y a los adivinos y yerbateros que reparten papelitos. Todos ellos comercian con un bien muy delicado: la fe, que mueve montañas (de plata).

Es muy difícil que se logre. Cuando los estados se meten con las religiones se crea un problema de compatibilidad entre las libertades individuales y los derechos y deberes generales. Aquí en Quebec, el gobierno provincial de Pauline Marrois, del Parti Québécois, quiere imponer una carta de valores de laicicidad para los estamentos del gobierno, en la que entre otras cosas, pretenden prohibir que los empleados del estado porten signos religiosos ostentosos, como la kippah de los judíos, turbantes de sijs y musulmanes, la hijab y la niqāb (con esta sí estoy de acuerdo) de mujeres musulmanas y cruces grandes en los cristianos. Yo digo que si esa vaina prospera, luego van a prohibir el pelo largo, los aretes, los tatuajes, la ropa roja y las camisetas estampadas, una marca o la otra y hasta tener fotos familiares en el escritorio.

Ya desmontaron una cruz antigua que había en el parlamento… luego van a querer tumbar todos los monumentos religiosos.

Como en todo, debería existir un punto medio en el que todo el mundo quede contento; pero como en todo, eso no pasa. El descache desproporcionado de esta vieja que opina que los limitados no pueden subir a su púlpito ni demandar porque va contra el Espíritu Santo, debería servir para abrir las cortinas que tapan a todas esas iglesias con prácticas dudosas, que limitan las libertades individuales, que corrompen las estructuras familiares, que se enriquecen en nombre del que no necesita plata y en algunos casos, que abusan de sus comunidades.

Este episodio desgraciado en la vida de Piraquive debería servir, como ya empezó a suceder, para que las estructuras jurídicas intervengan en el control de las atribuciones que ellos, los pastores, se dan en su comunidad y contra sus "hermanos" (demanda de Benedetti). La mayoría de personas es vulnerable a los "ataques" de las sectas para convertirlos en adeptos, muy pocos estamos blindados contra eso (por ahora no han podido conmigo) y por esa razón, los estados deberían proteger los derechos de los individuos y las libertades de conciencia, inclusive, garantizar a ese manquito su derecho a trabajar como ministro evangélico.

Esas iglesias de garaje, que muchas tienen tremendas mansiones, cuentan con tentáculos muy largos para —parafraseando a Jesús— pescar gente, como medusas venenosas… Sin lograrlo, con migo han tratado varias veces de convertirme a testigo de jehová y a esas sectas cristianas indefinidas, como esa vez que me invitaron a una de las veladas más descachadas de mi vida, "una reunión de hombres", pero esa es otra historia.

REMATE: Discapacidad y derechos, un amigo me lo sugirió para apoyar este texto… vale la pena que lo vean y lo compartan. Y para terminar, lo que pone Wikipedia sobre la susodicha pastora.


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