Justin Bieber, Maluma, Diomedes Díaz, Romeo Santos, Wisin sin Yandel, Miley Cyrus, Ricardo Arjona, Niki Minaj, Maná y Lady GaGa; tienen todos algo en común aparte de la evidente carrera musical de cada uno. Todos ellos viven en las bocas de los haters (odiadores) que pareciera pasan más tiempo buscándole pulgas a los famosos que detestan, que disfrutando sus propias vidas.
A Ricardo Arjona lo utilizo de chiste y de meme para hacer comentarios en Facebook, pero lo que haga y deje de hacer me importa poco. El reguetón (yo lo escribo así) me molesta, pero no me pongo a escucharlo ni a leer noticias de farándula sobre los individuos que lo interpretan y en resumidas cuentas, no pierdo el tiempo con lo que no me gusta.
Vi en Facebook que a un amigo le gustó un artículo en el que se denigra de Maluma, a mi amigo le dio risa y por eso quise curiosearlo. Honestamente me cansé en tres párrafos de un texto basto y sin oficio, no me sacó ni una sonrisa y desistí en la lectura. No puedo negar que como la mayoría estoy ávido de algunos chismes y de vez en cuando miro en las vidas ajenas, como lo hace todo el que tiene una cuenta de Facebook.
Internet es la vitrina del chismoso y es en este medio donde encontramos los secretos más hondos de gobiernos y meretrices y el conocimiento profundo de las ciencias y noticias falsas que divierten y despistan al público; hay de todo y para todos, con contenidos bien estructurados y otros construidos sobre una pila de mierda recogida de las ganas de unos por cagarse en los otros.
Yo ya me cansé de eso. De eso último, de estar viendo cómo la gente se desgasta en criticar a un artista, de rebuscarle todos sus defectos y errores y ser condensadores de mala energía. Pareciera que el pasatiempo es hablar mal y esparcir la ponzoña sobre esos artistas detestados, no existen las críticas constructivas sino solamente una catarata de insultos e insolencia, válvulas de escape de gente amargada que entre sus palabras malintencionadas asoma los dos últimos pecados capitales.
Ya lo dijo Cochise hace largo tiempo y al parecer el mal incrementa con el acceso a los medios de información. Yo no vivo en Colombia y evito ver la televisión colombiana, por eso no veo La Voz Kids, ni La Voz, ni The Voice, ni La Voix… no veo el programa en ninguna de sus franquicias de ningún país porque simplemente no me interesa, contrario a eso, gracias a Facebook, me doy cuenta que hay mucha gente que ve el programa y se dedica a criticarlo, y a criticar al tal Maluma; tal y como criticaban a Amparo Grisales por su desempeño en Yo me llamo.
Tal vez sea la edad, o haberme "escapado" de Colombia hace casi diez años, pero yo desarrollé el increíble súperpoder de cambiar el canal o apagar el televisor para no exponer mi cerebro a lo que poco me aporta o a lo que poco me entretiene. Quizá tengo un defecto genético y soy incapaz de disfrutar los insultos contra esos artistas que no me gustan y que no me interesan, pero insisto y confieso, los chistes con Arjona y Amparito sí me gustan.
Esta semana apareció una nota sobre la participación de Kirk Hammet en un disco de Exodus, su banda nativa, y un guitarrista de Medellín aprovechó la oportunidad para criticarlo por el uso del pedal Wah, concentrándose en señalar que Hammet es un mal guitarrista. Así como todos los que critican a los personajes de la lista que hice al comienzo diciendo que son malos músicos. Sin discutir el hecho de que ellos hayan estudiado música o no, ni el contenido de su trabajo, la verdad es que todos ellos están en la industria produciendo y vendiendo lo que hacen aparte del mérito musical que se le pueda otorgar o negar.
Quizá Maluma haya sido lo peor que haya podido producir el folclor colombiano, yo ni siquiera he oído alguna vez su música. pero es él y no otro el que está en ese programa, por que él le gusta a mucha gente a pesar de sus detractores. Kirk Hammet es el guitarrista líder de Metallica a pesar de que un músico criollo señale que usa un solo pedal hace 20 años, algo ha tenido que hacer bien, y no solamente bien, sino mejor que muchos otros para mantener su posición.
Soy un metalero raro que aprendió a respetar los gustos ajenos porque simplemente quiero que respeten los míos. Prefiero invertir mi energía, tiempo y dinero en lo que me gusta, en lugar de dedicarme a lo que no me gusta. Dice el dicho anglosajón: live and let live (vive y deja vivir), que cada uno se dedique a los suyo y todos seremos más felices.
Póngase a pensar que verdaderamente es más la música que a usted no le gusta que la que disfruta. Cuando alguien me dice que le gusta "de todito", le hago pruebas para demostrarle que ese postulado es más falso que las pezuñas de Marylin Manson: hago el ensayo con death metal, bachata, polka, pasito duranguense, música india, punk, ópera, guasca, vallenatos y música china, sin dejar atrás los artistas vernáculos peruanos; es seguro que con varios de esos salen espantados. A nadie le puede gustar de todo, como a nadie le puede disgustar todo, aunque a mi amigo, el de la publicación, perece que nada le gusta, pero esa es otra historia…
Un sitio donde las opiniones particulares no tienen censura, el método es la duda, buscar la verdad no es necesario, solamente ponerla en juicio.
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30 oct 2014
21 jul 2014
Vicky Dapapaya, la periodista de radio
No escuché la entrevista en directo, supe del incidente por los comentarios -insultantes por demás- en Facebook contra Vicky Dávila sobre una entrevista malograda que hizo al director de la Aerocivil, Gustavo Lenis, acerca de un empleado en un aeropuerto.
La radio en directo tiene varios riesgos, entre muchos el de que quien conduce el programa y sus colaboradores se entronen como dueños de la palabra y no permitan a su contraparte expresar o informar libremente lo que tenga que responder (recuerdo las entrevistas de Pilar Castaño donde solamente habla ella). En el fragmento escucharán el incidente bochornoso que protagonizaron funcionario y periodista, y en el que ella es quien carga con la responsabilidad de haber metido la pata hasta el fondo dejándose llevar por la "defensa de los usuarios". Ya antes lo hizo al referirse de manera muy ignorante sobre las enfermeras hablando de los problemas que tiene el sistema de salud colombiano.
En mi época de radio nunca tuve la oportunidad de burlarme de ninguno de mis entrevistados ni de mis fuentes, nunca tuve la oportunidad de conducir el noticiero porque era solamente un "cargaladrillos". Me burlé de varios en los corrillos de periodistas mientras esperábamos alguna rueda de prensa, pero jamás en público ni por la naturaleza propia de su cargo… nos burlábamos de sus muletillas o gazapos al hablar, pero al aire y "en sociedad" mantuvimos el decoro y sobre todo, las buenas relaciones con las fuentes.
Lo que exasperó a Vicky fue que el funcionario muy natural y sinceramente le respondiera "no sé" al querer indagar si la Aerocivil indemnizaría a los usuarios perjudicados por el problema que ya pasó a segundo plano. Ella esperaba que Lenis supiera de memoria todos los recovecos de un código de procedimientos, que si es medianamente parecido al Código Civil de Trabajo (que yo sí conocí), no existe ni siquiera un evangélico que se lo aprenda al pie de la letra, mucho menos recién llegado al cargo, como dice el funcionario.
Tal vez si ella supiera la respuesta de antemano porque hubiera hecho una investigación previa a la entrevista, como le enseñan a uno en la universidad, hubiera podido insistirle a don Gustavo en que debería saber la respuesta, pero ella estaba ignorante tal como Lenis y en ese momento no se puso en los zapatos suyos, sino que los pisoteó contrapreguntando groseramente y olvidando que es su fuente, como si hablara con una de sus amigas.
Ustedes ya escucharon el audio, y oyeron que Vicky Dávila se disculpó al cerrar, pero más le vale que lo invite a almorzar en Andrés Carne de Res y le ofrezca el mejor whisky, doble entrada, carne buena y unas disculpas enormes, porque ese incidente puede pasar a mayores: diga usted por ejemplo una demanda por injuria, que aunque no es delito punible, si exige una réplica de disculpa en las mismas condiciones en que se incurrió en ofensa, y de carambola la desacreditación del periodista y del medio.
Otro error que cometió la periodista fue ponerse en defensa de los usuarios. Aunque yo sostengo que el buen periodismo no puede ser imparcial ni objetivo, tampoco sirve como defensa del prójimo. Para eso existen entidades y mecanismos que buscan proteger a los consumidores y los ciudadanos, pero en ningún caso la defensa es misión periodística: denuncia, indagación, exposición, recuento, investigación… son labores del ejercicio informativo, pero no la defensa de nadie y aunque se haga, los alegatos de un periodista al aire no lograrán nada porque no podrá pasar por encima de la Ley y sus códigos. A Vicky Dávila no le trocaba cobrar una plata que nadie sabe todavía si la pagan.
En Colombia este incidente se olvidará con el próximo partido de fútbol, pero Lenis y Dávila jamás olvidarán la lección aprendida:
Vicky: a las fuentes hay que respetarlas, guardar la compostura al aire y mantenerse en calidad de periodista, no de prócer.
Tavo: con los periodistas hay que estar preparado hasta para que le pregunten de qué se va a morir; y si no sabe, no lo confiese, diga que esa información todavía no es precisa o que en un comunicado oficial se tocará el tema para despejar todas las dudas; y por ahí derecho se desenhuesa y encarta a su director de comunicaciones.
Y aunque la jornada futbolera saque del panorama este tema, a sus protagonistas les va a tardar tragarse esa saliva más amarga que masticar la pepita de limón de la ensalada. Es claro que la periodista no tuvo intenciones de ofender al entrevistado, lo hizo amparada por las ganas de ser la voz popular, pero el tiro le salió por la culata y la que entró de periodista salió de payasa grosera.
El caso de Nayibe Sáenz es un triste ejemplo que muestra que no importa lo mucho que hagan los periodistas y las buenas intenciones que tengan, si la Ley no lo dice, no se hace… y si el funcionario que debe cambiar la Ley no se pellizca, tampoco... Pero esa es otra historia.
ACTUALIZACIÓN: la payasada trascendió a que ella se encontró con él en un restaurante para sanar las heridas, en compañía de un chaperón que contara el cuento, con foto de prensa y todo... la nota en Semana.
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| Victoria Eugenia Dávila |
En mi época de radio nunca tuve la oportunidad de burlarme de ninguno de mis entrevistados ni de mis fuentes, nunca tuve la oportunidad de conducir el noticiero porque era solamente un "cargaladrillos". Me burlé de varios en los corrillos de periodistas mientras esperábamos alguna rueda de prensa, pero jamás en público ni por la naturaleza propia de su cargo… nos burlábamos de sus muletillas o gazapos al hablar, pero al aire y "en sociedad" mantuvimos el decoro y sobre todo, las buenas relaciones con las fuentes.
Lo que exasperó a Vicky fue que el funcionario muy natural y sinceramente le respondiera "no sé" al querer indagar si la Aerocivil indemnizaría a los usuarios perjudicados por el problema que ya pasó a segundo plano. Ella esperaba que Lenis supiera de memoria todos los recovecos de un código de procedimientos, que si es medianamente parecido al Código Civil de Trabajo (que yo sí conocí), no existe ni siquiera un evangélico que se lo aprenda al pie de la letra, mucho menos recién llegado al cargo, como dice el funcionario.
Tal vez si ella supiera la respuesta de antemano porque hubiera hecho una investigación previa a la entrevista, como le enseñan a uno en la universidad, hubiera podido insistirle a don Gustavo en que debería saber la respuesta, pero ella estaba ignorante tal como Lenis y en ese momento no se puso en los zapatos suyos, sino que los pisoteó contrapreguntando groseramente y olvidando que es su fuente, como si hablara con una de sus amigas.
Ustedes ya escucharon el audio, y oyeron que Vicky Dávila se disculpó al cerrar, pero más le vale que lo invite a almorzar en Andrés Carne de Res y le ofrezca el mejor whisky, doble entrada, carne buena y unas disculpas enormes, porque ese incidente puede pasar a mayores: diga usted por ejemplo una demanda por injuria, que aunque no es delito punible, si exige una réplica de disculpa en las mismas condiciones en que se incurrió en ofensa, y de carambola la desacreditación del periodista y del medio.
Otro error que cometió la periodista fue ponerse en defensa de los usuarios. Aunque yo sostengo que el buen periodismo no puede ser imparcial ni objetivo, tampoco sirve como defensa del prójimo. Para eso existen entidades y mecanismos que buscan proteger a los consumidores y los ciudadanos, pero en ningún caso la defensa es misión periodística: denuncia, indagación, exposición, recuento, investigación… son labores del ejercicio informativo, pero no la defensa de nadie y aunque se haga, los alegatos de un periodista al aire no lograrán nada porque no podrá pasar por encima de la Ley y sus códigos. A Vicky Dávila no le trocaba cobrar una plata que nadie sabe todavía si la pagan.
En Colombia este incidente se olvidará con el próximo partido de fútbol, pero Lenis y Dávila jamás olvidarán la lección aprendida:
Vicky: a las fuentes hay que respetarlas, guardar la compostura al aire y mantenerse en calidad de periodista, no de prócer.
Tavo: con los periodistas hay que estar preparado hasta para que le pregunten de qué se va a morir; y si no sabe, no lo confiese, diga que esa información todavía no es precisa o que en un comunicado oficial se tocará el tema para despejar todas las dudas; y por ahí derecho se desenhuesa y encarta a su director de comunicaciones.
Y aunque la jornada futbolera saque del panorama este tema, a sus protagonistas les va a tardar tragarse esa saliva más amarga que masticar la pepita de limón de la ensalada. Es claro que la periodista no tuvo intenciones de ofender al entrevistado, lo hizo amparada por las ganas de ser la voz popular, pero el tiro le salió por la culata y la que entró de periodista salió de payasa grosera.
El caso de Nayibe Sáenz es un triste ejemplo que muestra que no importa lo mucho que hagan los periodistas y las buenas intenciones que tengan, si la Ley no lo dice, no se hace… y si el funcionario que debe cambiar la Ley no se pellizca, tampoco... Pero esa es otra historia.
ACTUALIZACIÓN: la payasada trascendió a que ella se encontró con él en un restaurante para sanar las heridas, en compañía de un chaperón que contara el cuento, con foto de prensa y todo... la nota en Semana.
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